ADELINE DE FILIPPI
Lucy y yo nos detuvimos en seco al ver la puerta entreabierta.
—¿Crees que ya está despierta? —susurró.
Me encogí de hombros, con la misma ansiedad de una niña en busca de dulces prohibidos.
—Solo quiero asegurarme de que Josh no haya dormido en la silla como un mártir tonto…
—¿Y si durmió con ella? —replicó Lucy con una sonrisa traviesa.
—Entonces estaríamos frente al principio de la reconciliación.
Me acerqué un poquito más, despacio, conteniendo la respiración como si estuv