ADELINE DE FILIPPI
Barcelona nos recibió con un cielo despejado y una brisa tibia que olía a mar. Lucien había hecho todo perfecto, como siempre. El hotel era un palacio moderno de cristales curvados frente al Mediterráneo, y mi suite tenía una terraza privada desde donde podía ver la ciudad desplegarse como una postal viva.
Pero no estábamos aquí por turismo. Hoy era la reunión clave con los inversionistas europeos, esos que podían hacer despegar aún más a Moretti Corp en el mercado español. H