ADELINNE DE FILIPPI
Tenía todas las carpetas abiertas frente a mí. Angel Corp, sus últimos movimientos, sus licitaciones, sus alianzas más recientes. Las cifras bailaban entre mis ojos como si ya supieran el final de su historia. Porque lo sabía: hoy, ese imperio de arrogancia iba a caer.
Una sonrisa se me escapó, lenta, deliciosa.
—¿Quieres jugar sucio, Matteo? Vas a ver cómo jugamos los De Filippi.
Tomé el celular y marqué el número de mi primo.
—Asher, hola, necesito tu ayuda —dije sin rodeo