MARIE MORETTI
El sol caía tibio sobre el jardín, y por fin había un poco de silencio en la casa. Después de días de gritos, planes, discusiones y entrenamiento, ese instante de calma se sentía como un pequeño milagro. Me acomodé bajo la pérgola cubierta de glicinas, con mi cuaderno de diseño en el regazo y un lápiz en la mano.
Necesitaba esto. Respirar. Crear.
El mundo podía ser un caos, pero mis líneas… mis bocetos… eran orden. Equilibrio. Control.
Y justo ahora, estaba trabajando en algo espe