ADELINE DE FILIPPI
El sol de la mañana bañaba las calles empedradas del pequeño pueblo con una calidez que parecía sacada de un recuerdo antiguo. Todo aquí tenía olor a pan recién horneado, a tierra húmeda y a historias no contadas. Asher caminaba unos pasos delante de nosotros, girándose cada tanto para asegurarse de que lo siguiéramos, con una sonrisa tan amplia que parecía que le dolía la cara de tanto reír.
—Este fue el primer lugar donde me metí al río sin permiso —dijo, señalando un sende