KATHERINE DE FILIPPI
La sorpresa de mis hijos me hizo llorar, no había día que no recordara a mi bebé peludo, el dolor de perderlo fue tanto que me negué por mucho tiempo a volver a tener un cachorro, pero ahora tenía a esta versión miniatura de mi Shadow en los brazos, con ese olorcito a cachorro entre leche y croquetas.
Lo abracé y mi adorado tormento no demoró en acercarse.
—Hola, pulgoso —murmuró, grave.
El perrito le ladró sin miedo y le mordisqueó el dedo, juguetón. Bastien chasqueó la le