JOSH MEDICCI
El aeropuerto privado siempre huele igual: una mezcla rara de café, combustible y limpieza excesiva. Nunca me gustó esperar, pero esa tarde no me importaba. Tenía a Marie conmigo. Y ella hacía que cualquier sitio, incluso el más frío, se sintiera como hogar.
Estaba nerviosa. Se notaba en la manera en que jugaba con el tirante de su bolso y en la sonrisa que intentaba disimular. Desde que fué su fiesta de graduación y decidí quedarme en América, no podía dejar de mirar a mi pequeña t