SILVANO DE SANTIS
El hospital olía a desinfectante y traía recuerdos que preferiría enterrar. Me incorporé en la cama con un suspiro, sintiendo el ardor leve del rasguño en el hombro. No era nada, Bastien tenía razón, si hubiera querido, fácilmente hoy hubiera podido borrarme del mapa, estaba en sus manos, pero no lo hizo, solo me dejó un rasguño.
A mi derecha, Anny dormía. Su respiración era lenta, tranquila, como si todo hubiese sido solo una pesadilla. Pero yo sabía la verdad. Bastien me habí