KATE DE FILIPPI
Bastien estaba demaciado tenso para cenar, gracias a dios, Addy aun no tenía la cena lista, faltaban algunos detalles así que tomé la mano de mi esposo y lo llevé al despacho de Lucien. La puerta del estudio se cerró con un golpe sordo.
Bastien caminaba de un lado al otro como un león enjaulado, la mandíbula tensa, las manos cerradas en puños. Lo conocía demasiado bien como para no saber lo que estaba sintiendo: rabia, miedo, una mezcla que en él podía acabar en una masacre… o e