ANNELISSE DE FILIPPI
—¿Aún están adentro? —pregunté apenas vi la puerta cerrada de la oficina de Lucien, con el corazón golpeando en mis costillas como un tambor en guerra. Había ido por jugo, necesitaba beber algo, los nervios me estaban matando.
Mamá me miró con su sonrisa dulce.
—Están adentro, cariño. Pero tranquila…
—No, mamá. Tranquila no estoy. Mi papá viene de otro continente y lo primero que hace es encerrarse con él. ¿Para qué? ¿Para intimidarlo? ¿Para amenazarlo?
No podía esperar, es