NOAH ALBERTI
La vi salir por el pasillo, arreglada, con esa elegancia natural que siempre me dejaba sin palabras. El roce suave de su vestido al caminar, la forma en que su cabello caía como un manto oscuro, y esa mirada decidida que aún escondía algo de cansancio.
Salí del despacho y la llamé con la voz firme, pero cargada de preocupación.
—Kiara, ¿a dónde vas?
Ella me miró, con esa mezcla de sorpresa y desafío que solo ella sabe poner.
—Voy de compras —respondió sin titubeos.
Me crucé de braz