SILVANO DE SANTIS
La luz de la tarde se colaba por las cortinas del departamento. El silencio era inusual, casi incómodo. Caminé hasta la cocina y vi la taza de té que había dejado Anny esa mañana. Todavía estaba a medio tomar. Su costumbre de dejar cosas a medio hacer me enternecía… y al mismo tiempo me volvía loco.
La busqué con la mirada y la encontré sentada en el sofá, con las piernas cruzadas, leyendo. O al menos intentándolo. Porque sus ojos no se movían del mismo renglón desde hacía var