LUCIEN MORETTI
El eco de mis zapatos retumbaba en el pasillo. El silencio de Silvano era pesado, casi incómodo, pero sabía que en cualquier momento hablaría. Él siempre ha sido así: callado, pero cuando abre la boca te lanza verdades que pesan más que un disparo.
—Has estado callado… —murmuré, sin mirarlo.
Silvano me sostuvo la mirada de reojo, con esa calma que me incomoda más que un grito.
—No veo que esté mintiendo, Lucien. —Hizo una pausa, aspirando profundo—. Todos sabemos que en algún mom