ADELINE DE FILIPPI
Después de estar un rato en el balcón, tomé a Lucien de la mano. Quería llevarlo a nuestro lugar favorito, ese rincón que guardaba nuestros recuerdos más antiguos.
—Ven —le susurré.
Él no hizo preguntas. Solo me siguió.
Caminamos por el jardín, cruzamos el pequeño seto y llegamos al rincón que el mundo había olvidado… pero que nosotros jamás dejamos de amar. Detrás de un rosal antiguo, entre enredaderas y unas luces colgantes ya viejas, estaba nuestra banca. Una pequeña estru