No renunciaré a ella.
PAOLO MORELOS
Me quedé parado frente a la cafetería. El sol se había ocultado y la oscuridad se hacía más densa como si al irse Mily todo rastro de luz se perdiera.
Noah se había ido, arrastrando a Amelia como si yo no valiera nada.
Como si amar a su hermana fuera una ofensa imperdonable.
Como si yo... no mereciera siquiera mirar sus ojos.
Me llevé las manos al rostro, avergonzado, furioso, herido. El puñetazo aún me ardía, pero dolía más la forma en que ella se fue. Sin poder defendernos. Sin