SILVANO DI SANTIS
La seguía a distancia. No sé en qué momento se volvió un hábito… pero ahí estaba yo.
Apoyado en una esquina de la salida lateral del cine, entre las sombras, mirando cómo se despedía de ese chico con una sonrisa dulce, y un beso en la mejilla.
Su risa aún me rebotaba en el pecho como un eco maldito. Pero cuando ví a ese hombre poner su chaqueta en ella mi corazón latió con rabia, solo apreté mis puños con ganas de alejarlo de Anny de un empujón. No quería que la tocara, que le