AMELIA ALBERTI
El cielo estaba despejado, pero dentro de mí todo era gris.
Llevábamos apenas un día en España. A mi alrededor, las chicas del grupo universitario reían, se tomaban selfies, hablaban de lo maravilloso que era caminar por Madrid. Y sí, lo era. Las calles antiguas, el aroma del café, los balcones florecidos… todo tenía encanto. Pero yo no podía disfrutarlo.
No sin Paolo.
Habíamos discutido antes de que me fuera. La primera pelea seria desde que estamos juntos. Él no podía acompañar