ANNELISSE DE FILIPPI
Sus labios tocaron los míos y el mundo dejó de girar.
No escuché más el zumbido del edificio. No sentí la brisa de la escalera ni el ardor en mis piernas al bajarlas corriendo. Solo sus labios. Solo su aliento contra el mío. Solo ese beso… crudo, desesperado, tan lleno de todo lo que nunca se dijo.
Silvano me estaba besando otra vez.
¿Esto era real?
Sus manos firmes sujetaban mi rostro como si pudiera romperme, pero sus labios decían otra cosa. Decían que ya no podía con