SILVANO DE SANTIS
Soñé con su beso.
La segunda vez que la besé fue como un sueño. No estaba dormido, no había fiebre, ni confusión, ni sombras.
Solo ella… sus labios temblorosos, sus ojos miel brillando al mirarme, y su voz diciéndome eso que me devolvió el alma.
Te amo.
Ese “te amo” me dejó helado, sin poder reaccionar.
Mi mente decía: deténla.
Pero mi cuerpo no respondió… hasta que se subió al taxi.
Ese “te amo” se me clavó como un disparo en el pecho. No de dolor, sino de vida.
Porque hasta