ADELINE DE FILIPPI
Regresé a la oficina con una sonrisa en los labios. Habíamos quedado con Lucien en salir a tomarnos un café y un pastelito juntos. Sé que hay mucho trabajo, pero amo que Lucien nunca me diga que no, así como cuando éramos niños. Esa sensación de amor y equilibrio me acompañaba.
Abrí la puerta, y ahí estaba Silvano, como siempre, trabajando en silencio con su habitual perfección.
—Silvano, tendré que salir, no sé si vuelva.
—No hay problema. No hay nada urgente, pero sí alguno