SILVANO DE SANTIS
El cuarto estaba lleno.
Mily me hablaba con dulzura desde la silla, mientras Lucien leía algo en su celular, con su eterno ceño fruncido. Kiara estaba junto a mi cama, acariciándome la mano de vez en cuando, y Addy, como siempre, organizaba cosas que no necesitaban ser organizadas.
Miré y me di cuenta de que me estaban poniendo sangre.
—¿Cuánta sangre me van a poner?
Lucien, que estaba concentrado en el celular, levantó la mirada con una ceja alzada y una sonrisa torcida.
—Agr