Esa noche, después de que Addy y Lucien cayeran rendidos tras tanto planear, Bastien tomó los dibujos que habían hecho con tanto amor.
Con extremo cuidado, los colocó dentro de una pequeña caja de madera que había comprado hace mucho, una caja sencilla, pero preciosa, adornada con grabados de hojas.
Kate lo observaba desde la puerta de la habitación, su corazón latiendo fuerte de amor, apoyada en el marco de la puerta.
—¿Qué haces, amor? —preguntó ella en voz baja.
Bastien cerró la caja con sua