Después de la emocionante tarde de compras, Bastien no podía quedarse quieto.
—¡Hoy mismo la armamos! —dijo, frotándose las manos como un niño emocionado mientras miraba la caja enorme de la cuna en medio de la habitación
Kate y Ara que venían con una taza de té, se sentaron en la cama a ver como lo armaban y Bastien miraba la caja como un guerrero que se prepara para su batalla más importante.
Kate y Ara estaban listas para ver el espectáculo. No querían perderse ni un segundo.
—¿Estás seguro