NOAH ALBERTI
—Objetivo a la vista. Entrada norte despejada. Francotirador en posición.
La voz sonó nítida por el auricular. Miré el reloj. Todo estaba según lo planeado. O al menos, eso parecía.
Excepto por una cosa.
O mejor dicho… por una persona.
—¿Dónde está Paolo? —pregunté al equipo por tercera vez.
—No vino —respondió Román desde la furgoneta—. Hoy estoy al mando yo.
Fruncí el ceño. No me gustaba.
No porque Román no supiera lo que hacía, sino porque Paolo siempre estaba.
Siempre llegaba a