SILVANO DE SANTIS
El sol comenzaba a colarse tímido por la ventana. No abrí del todo los ojos. No quería romper el hechizo.
Anny seguía dormida. Su cuerpo seguía abrazado al mío, como si su piel aún recordara la intensidad de la noche anterior.
Y cómo no.
Yo la recordaba en cada centímetro de mi cuerpo.
En mis labios, en mis dedos… en lo más profundo de mi alma.
Deslicé la mirada por su rostro dormido.
Tan dulce. Tan hermosa. Tan jodidamente perfecta.
Tenía una pierna sobre mi cadera y su brazo