PAOLO MORELOS
Manejé con una sonrisa en los labios. Había dormido con decenas de mujeres a lo largo de mi vida, pero Mily… oh, Mily era especial. Cada caricia, cada beso electrificaba mi cuerpo y me hacía desear más y más. Saber que era tan activa como yo, me voló la cabeza. Mi abuela decía: “Las calladitas son las peores”, ¿quién iba a imaginar que debajo de esas mejillas sonrojadas cada vez que le decía algo lindo se escondía una fiera insaciable? Este fue el mejor día de mi vida.
En poco tie