El hombre que recibía el nombre del Siciliano, estaba sentado en un bar, estaba actuando entre las sombras. Él siempre había querido tener su propio imperio. Su padre lo había considerado tonto, un inútil que solo sabía dirigir cosas menores. Pero él era inteligente y, en este momento, lo estaba comprobando. Le quitaría el poder a su hermano y a las mujeres de su vida. Lo hizo con Martina y ahora lo haría con Chiara, aunque tuviera que matarla.
—Señor —dijo uno de los chicos que habían quemado