La noche caía sobre la villa como un manto pesado, cubriendo con sombras los jardines y los muros de piedra que alguna vez habían visto fiestas, risas y juramentos de amor eterno. Adriáno permanecía sentado en el salón principal, rodeado por el silencio solemne de los retratos que lo observaban desde las paredes. El fuego de la chimenea chisporroteaba con suavidad, iluminando su perfil endurecido por los años y las sospechas. Esperaba a Chiara.
Ella había pedido hablar con él, pero no como espo