La noche había caído sobre la villa con un silencio extraño, casi sofocante. Las sombras parecían más densas, y el aire cargaba un presagio oscuro que se aferraba a cada rincón. Adriáno, aún en su despacho, revisaba documentos y notas, repasando en su mente cada movimiento de Adalberto. Sabía que las piezas se estaban acomodando y que la verdad, tarde o temprano, saldría a la luz.
No tardó en sentir que algo andaba mal. El reloj marcaba casi la medianoche cuando notó que la casa estaba demasiad