La madrugada estaba en silencio, solo interrumpida por el sonido de los pasos apresurados de Adriáno recorriendo el pasillo de la hacienda. El aire olía a tierra mojada, pues una ligera lluvia había caído durante la noche, como si el cielo mismo quisiera purificarse para recibir la llegada de una nueva vida.
En el interior de la habitación, Chiara gemía con fuerza. Sus manos temblaban mientras se aferraban a las sábanas, y el sudor perlaba su frente. Las parteras corrían de un lado a otro, prep