La tarde caía lentamente sobre la villa, bañando las paredes antiguas con un resplandor dorado que parecía acariciar cada piedra como si el tiempo se detuviera en ese rincón del mundo. El aire olía a tierra húmeda y a flores frescas del jardín que Chiara había cuidado con tanto esmero desde su llegada. Los cipreses se erguían en silencio, custodiando un secreto que estaba a punto de cambiarlo todo.
Chiara estaba sentada en el pequeño banco de mármol, ese donde tantas veces había reflexionado so