Alexandra dio un paso más cerca, desafiante, mientras lo observaba con el traje impecable que lo hacía parecer un extraño.
— Entonces será mejor que te vayas acostumbrando, porque en tu “reino” acabas de meter a una reina. Y las reinas no se arrastran ni obedecen a bufones disfrazados de caballeros.
Él entrecerró los ojos, sosteniendo las riendas del caballo.
— Hablas demasiado para alguien que todavía no entiende las reglas del juego.
— No necesito entenderlas. — Alexandra lo interrumpió, clav