—Vaya… nunca pensé ver esto en persona —murmuró Alexandra, sin apartar la vista.
Pero el espectáculo no se detuvo allí.
Un fuerte rugido de motores anunció la siguiente atracción: la esfera de la muerte. Dos motociclistas ingresaron a toda velocidad a una jaula metálica en forma de esfera.
El sonido de los motores retumbó en el pecho de Alexandra mientras ambos giraban, se cruzaban y se perseguían dentro de la esfera como si desafiaran todas las leyes de la gravedad.
Cuando un tercer motocic