— A tu disposición tendrás a varias personas, para que te ayuden en todo momento. — Dijo Gabriel mientras acariciaba la panza ya ligeramente prominente de Alexandra, su voz suave, casi protectora.
Alexandra rodó los ojos con una sonrisa.
— No estamos en la etapa medieval, y tampoco soy de la realeza como para tener personas detrás de mí todo el día.
— No es por realeza — respondió él, inclinándose para besarle la frente —. Es porque eres mi esposa… y estás llevando a mi hijo.
Ella no contestó,