El trayecto desde el aeropuerto fue silencioso, pero no incómodo. Alexandra iba pegada a la ventana del auto, observando cómo la ciudad iba quedando atrás poco a poco. Los edificios altos dieron paso a avenidas más amplias, luego a calles arboladas. El paisaje empezó a transformarse frente a sus ojos.
Las hojas ya no eran completamente verdes. Algunas se tornaban doradas, otras rojizas, y muchas caían lentamente, cubriendo el asfalto como una alfombra crujiente. El otoño se anunciaba con elegan