Alexandra empujó la puerta de la cafetería con más lentitud de la habitual. La campanilla sonó y Mark levantó la vista de inmediato desde la barra. Estaba revisando unas cuentas en una libreta, con el ceño fruncido, pero al verla su expresión cambió.
— Ey… —saludó—. Pensé que hoy no vendrías.
Alexandra caminó hasta la barra y se quedó de pie frente a él. No se sentó. Eso fue lo primero que le llamó la atención a Mark.
— ¿Pasa algo? —preguntó, cerrando la libreta.
Ella respiró hondo. — Sí. Y no