Apenas Gabriel abre la puerta de la oficina, Helena se lanza sobre él para darle una bofetada.
Gabriel no se movió ni un centímetro y simplemente vio el enojo y la ira en el rostro de Helena.
— Tu, maldito mal nacido eres la peor escoria de este mundo. — Escupe ella con rabia.
— ¿Ya terminaste?
— ¡No! ¿Qué es lo que le ves a esa niñata? ¿Acaso tiene más dinero que yo? ¿Acaso te lo hace mejor que yo? Porque si no esta embarazada no hay una razón sólida para que estes con ella sabiendo que yo tengo todo.
Gabriel ladeó la cabeza, mirándola con una calma que solo consiguió avivar más la furia de Helena.
—Te voy a responder algo, Helena —dijo con voz baja, peligrosa—, y quiero que me escuches bien.
Ella soltó una risa amarga.
—¿Ahora sí vas a explicarte? Qué honor.
—No tiene que ver con dinero —continuó él, ignorando el sarcasmo—. Ni con lo que tú crees que puedes ofrecerme.
Helena apretó los puños.
—Yo construí este circo contigo. Yo estuve cuando no tenías nada. Yo—
—Y por eso te resp