Todo el camino de regreso al circo fue en silencio , ninguno de los dos quería decir nada al respecto, pero la tensión estaba tan presente que se podía tocar.
Gabriel se detuvo enfrente de la caravana y Alexandra se baja sin decir nada, él coloca los ojos en blanco y sale también para entrar.
— Princesita.
— ¡¿Qué?! — Ella se gira enojada.
Gabriel le sostiene la mirada.
— ¿Por qué estás enojada?
Ella suelta una carcajada sarcástica.
— Bueno, pues yo quería pasar una noche normal luego desde que me obligaron a casarme contigo, pero tal parecer que no te gusta verme feliz y prefieres…
Gabriel no le dio tiempo a terminar la frase.
La tomó del rostro con firmeza y estrelló sus labios contra los de ella, un beso cargado de todo lo que habían estado conteniendo: celos, rabia, deseo, frustración. No fue dulce ni cuidadoso, fue urgente, casi desesperado, como si necesitara callarla y, al mismo tiempo, asegurarse de que seguía ahí.
Alexandra se quedó rígida apenas un segundo, sorprendid