Alexandra abrió los ojos lentamente.
Lo primero que sintió fue la confusión. Quiso moverse, incorporarse, estirarse… pero su cuerpo no respondió. El aire se le quedó atrapado en el pecho cuando tomó conciencia del espacio reducido, del olor familiar a madera y metal.
La caravana.
Parpadeó con fuerza y entonces lo entendió.
Sus muñecas estaban sujetas a los barrotes de la cama, al igual que sus tobillos. No con brutalidad, sino con una firmeza calculada. El corazón le golpeó con fuerza mientras