Mundo ficciónIniciar sesiónKatrina Spencer fue durante años la mujer que sostuvo la vida de Marcus Miles. Era su secretaria, su apoyo, su mano derecha, la única que lo conocía mejor que nadie. Y también la mujer que lo amaba en silencio. Pero Marcus nunca superó a la novia que lo dejó plantado en el altar. Cuando ella regresó, volvió a meterse en su vida… y exigió que despidiera a Katrina. Marcus, cegado por lo que creía que era amor, lo hizo. Destrozada, Katrina decidió irse para siempre y cumplir su sueño de ser madre. Inició un tratamiento de inseminación artificial, sería madre aunque el amor no llegara a su puerta. Lo que no planeó fue esa última noche. Marcus, borracho y perdido, alertó a su mayordomo, quien pidió ayuda a la única mujer capaz de encontrarlo: Katrina. Ella fue por él y lo llevó a casa. Pero entre la borrachera y los sentimientos reprimidos, pasó lo quen o tenía que pasar. Marcus, sin ser consciente de lo que hacía, no la dejó ir. La sostuvo entre sus brazos… y terminaron en la cama. Al día siguiente, sin recordar lo ocurrido, siguió adelante y se casó con la mujer que creía amar. Días después, Katrina descubrió que estaba embarazada. Cuando la esposa de Marcus se entera de la verdad, pierde el controly decide acabarlos. Katrina no tiene opción. Con la ayuda del socio de Marcus, huye y desaparece, llevándose consigo el secreto más grande de su vida: los hijos de Marcus. Es entonces cuando él descubre la traición de su esposa… y comprende que siempre estuvo enamorado de la mujer que dejó ir. Y cuando descubre que está esperando a sus hijos, todo se derrumba. Ahora Marcus deberá buscar a la mujer que ama, y rogar su perdon.
Leer más—¿Por qué me duele tanto el pecho, Trina? —murmuró él, atrayéndola hacia la cama—. Ángela volvió… me voy a casar con ella… pero siento que estoy perdiendo mi propia alma, ya no hay café perfecto en las mañanas, ya no hay sándwich sin corteza, desde que te fuiste hace un mes, sufro de dolores de estómago, toda la empresa es un caos sin ti Trina, dime, ¿este también es un sueño? Te sueño cada noche Trina.
Katrina no pudo contener la lágrima que rodó por su mejilla. —Está borracho, señor Miles. Duerma, mañana es su gran día, al fin se casará con la mujer que tanto ama. Pero él no la soltó. Sus manos grandes y cálidas acariciaron el rostro de Katrina, limpiando su lágrima. En un segundo se borraron cinco años de límites y jerarquías, Marcus unió sus labios con los de ella. El corazón de Katrina estalló. Sabía que estaba mal. Sabía que mañana él sería el esposo de otra. Pero el deseo acumulado, el dolor de perderlo y la intensidad de sus besos la devoraron. Esa noche no hubo secretaria ni jefe. Solo un hombre desesperado y una mujer entregándole todo lo que le quedaba. —Te amo, Marcus —gimió ella en la oscuridad, sabiendo que el alcohol borraría sus palabras al amanecer. — Trina, no me dejes, no puedo seguir sin ti, mi Trina… Los gemidos de Marcus se mesclaban con los de Katrina, la tomó sin descanso varias veces esa noche, jamás la llamó por otro nombre, siempre le susurraba Mi Trina… Horas después, antes de que los primeros rayos del sol iluminaran la habitación, Katrina se vistió en silencio. Lo miró dormir por última vez. Escribió una notita como siempre lo hacía cuando traía a Marcus borracho y lo dejó sobre la mesa de noche, “No olvide tomar sus medicinas”...De vuelta al presente, Katrina mordía sus uñas mientras el médico la miraba con una sonrisa dulce.
— Mi niña que te preocupa, te preparaste tanto para la inseminación asistida, y tuviste la suerte de quedar embarazada antes. ¿Cómo le decía al su doctor de confianza, que el padre de ese bebé era Marcus, el hombre que había amado por cinco años pero que ahora era el esposo de otra? Había pasado un mes desde esa noche donde por única vez se entregó a sus deseos y a los brazos de Marcus. Y ahora llevaba a su bebé. — Es que no es tan fácil, necesito que esto aparezca que es inseminación asistida. — Ya veo, no quieres saber del padre. — No, prefiero hacer esto sola, como lo planee desde el comienzo. — Bueno, sabes que te apoyaré en todo no te preocupes. — Gracias doctor. Katrina se levantó y caminó por los pasillos de la clínica, estaba embarazada, estaba esperando un bebé de Marcus, su cabeza era un lio, iba perdida en sus pensamientos cuando chocó con una espalda, y como si el universo le hiciera una broma macabra, el aroma que conocía tan bien la envolvió, levantó la mirada para encontrarse con los ojos verde de Marcus. —Trina… cuánto tiempo. ¿Estás bien? La sangre abandonó su rostro. —Señor Miles. —Marcus —corrigió con suavidad—. Ya no eres mi secretaria. ¿Qué haces aquí? ¿Estás enferma? El sobre en su bolso parecía arder. —Yo… Un resfrío. ¿Y usted? —Yo vine por unos exámenes —comentó él—. Hemos intentado tener un bebé con Angy, pero no queda embarazada. Quería ver si el problema soy yo. El mundo se inclinó bajo sus pies. Ella llevaba en el vientre al hijo que él buscaba con su esposa. —Espero que todo salga bien —murmuró, intentando marcharse pero Marcus la sostuvo del brazo haciendo que su piel ardiera. —Gracias por lo que hiciste esa noche. Carlos me contó que fuiste tú quien me llevó a casa. No recuerdo nada… solo tu nota. Gracias Trina, no tenías que hacerlo. Katrina forzó una sonrisa. —No fue nada. —¿Estás bien? ¿Necesitas algo? —Solo descansar. Él finalmente la soltó. —Cuídate, Trina, si necesitas cualquier cosa, no dudes en contactarme. — Está bien. Katrina caminó lo más rápido que sus fuerzas le permitían, alejándose de Marcus como si quedarse un segundo más pudiera delatarla. Salió a la calle y respiró con dificultad apoyando una mano sobre su vientre. —No puede saberlo… —susurró. Marcus Miles no debía enterarse jamás que en su vientre crecía su hijo. Porque si él lo descubría… podrían quitarle a su bebé, en su vientre llevaba el heredero que él tanto estaba buscando.El jardín estallaba en risas.Las luces colgadas entre los árboles comenzaban a encenderse mientras el sol descendía lentamente, bañando todo con un tono dorado suave. La mesa principal era el centro de atención: un pastel enorme dividido en dos mundos.Un lado era rosa, lleno de brillo comestible, pequeños unicornios y estrellas doradas.El otro lado era café oscuro, decorado con caballos pura sangre galopando en azúcar moldeada.—¡Abuelitooooooo! —gritó Micaella corriendo con los brazos abiertos—. ¿Dónde estabas? ¡Vamos a cantar cumpleaños feliz!El señor Jones apareció desde el salón con expresió
Mientras que en Paris se celebraba el tercer cumpleaños de los mellizos, al otro lado del mundo la habitación de Marcus estaba en silencio.Demasiado silencio.Las cortinas permanecían entreabiertas, dejando entrar una luz tenue de la mañana. El sonido constante del monitor cardíaco marcaba el ritmo de una vida que llevaba demasiado tiempo suspendida.Marcus Miles llevaba tres años y cuatro meses en coma.Tres años en los que el mundo no se detuvo, la empresa siguió funcionando.Los contratos cambiaron de manos, las acciones se redistribuyeron.Las alianzas se rompieron.Y Ángela Miles tomó el lugar que siempre había ambicionado.No hubo grandes heridas para ella. Apenas rasguños aquella noche. Un par de puntos de sutura y un collarín durante algunas semanas que utilizó más como símbolo que por necesidad.Se presentó como la esposa devota, la mujer que no abandonó la cama del hombre que amaba.La víctima de un accidente trágico, la heredera natural, pero lo que no pudo hacer fue apart
Tres años y cuatro meses después.El sol de primavera iluminaba el jardín de la mansión Jones en París. Las flores estaban en plena explosión de color, los rosales perfectamente cuidados, las hortensias alineadas con precisión casi artística. Globos en tonos dorado y blanco flotaban amarrados a pequeñas estacas decorativas. Una mesa larga cubierta con mantel marfil exhibía una torta de dos pisos decorada con pequeñas estrellas y figuras de ositos.Era el primer cumpleaños que celebraban con plena conciencia.El segundo cumpleaños de los mellizos.—¡Tío Fabi! ¡Tío Fabiiiiiii! ¡Mira qué lindo está todo!Una pequeña de rizos dorados y ojos cafés corría por el jardín con su vestido de princesa color crema ondeando detrás de ella. Llevaba una pequeña corona inclinada sobre su cabeza y las mejillas sonrosadas por la emoción.Detrás de ella corría un niño de cabello rubio y ojos verdes intensos. Más serio en su expresión, más observador, pero igual de feliz. Tenía esa mirada profunda que, a
El avión descendió atravesando un cielo gris perla.París los recibió con un aire distinto. Más frío. Más denso. Más elegante.Cuando las ruedas tocaron la pista, Katrina sintió un leve estremecimiento que no tuvo nada que ver con el aterrizaje. Era la sensación de haber cruzado un punto sin retorno.Ya no había marcha atrás.El avión rodó hasta detenerse frente a una zona privada del aeropuerto. No era una terminal común. Era una sección exclusiva, silenciosa, con hangares impecables y vehículos de alta gama esperando con discreción.Dos camionetas negras, largas y blindadas, estaban estacionadas a pocos metros. Sus vidrios polarizados reflejaban el cielo nublado.El señor Jones se puso de pie primero.—Vamos, hija. Aquí estarás a salvo.Le ofreció la mano.Katrina la tomó y descendió con cuidado por la escalerilla. El aire frío golpeó su rostro de inmediato. París no era como su ciudad. El viento tenía otra textura, otro aroma. Más húmedo. Más antiguo.Respiró profundo.Tal vez aquí
El avión atravesaba las nubes mientras la ciudad desaparecía bajo un manto de luces distantes.Katrina no podía dejar de temblar.No sabía si era el frío del aire acondicionado o el shock de todo lo que acababa de ocurrir. Sentía el cuerpo pesado, la mente saturada, el corazón latiendo como si aún estuviera dentro del auto, huyendo.Llevaba ambas manos sobre su vientre.Instintivamente protegiendo a sus bebés, siempre protegiéndolos.El señor Jones estaba sentado a su lado. Su presencia era firme, estable, casi paternal. Desde que habían despegado no había soltado su mano.—Tranquila, mi niña —murmuró con voz suave—. Todo estará bien.Katrina cerró los ojos un segundo, pero lo único que vio fue a Marcus corriendo hacia ella en la pista.Su rostro, su desesperación, la forma en que gritó su nombre.—Marcus lo sabe… —susurró, más para sí misma que para el hombre a su lado—. Si no lo supiera… ¿por qué intentaría detenerme?El señor Jones guardó silencio unos segundos antes de responder.
El auto del señor Jones esperaba frente al hotel.Katrina salió con la maleta en la mano. El cielo comenzaba a oscurecer y el viento le revolvía el cabello. Sentía el corazón desbocado, pero intentaba mantenerse firme.Todo era por ellos. Por sus bebés.El chofer abrió la puerta trasera con respeto.—Señorita.Katrina subió sin decir palabra y el vehículo arrancó rumbo al aeropuerto privado.Durante los primeros minutos, el silencio fue pesado. Katrina llevaba una mano sobre el vientre, respirando hondo, tratando de calmar el temblor que no lograba controlar.Entonces el chofer miró por el espejo retrovisor y su expresión cambió.—Señorita… ¿reconoce ese vehículo?Katrina giró lentamente la cabeza.Y la vio.El auto negro, Ángela en el asiento del copiloto.El miedo le recorrió el cuerpo como un latigazo.—Es la mujer que quiere hacerme daño… —susurró, cubriendo instintivamente su vientre.El chofer frunció el ceño y aceleró.Pero entonces otro automóvil apareció más atrás, acercándo
Último capítulo