—¡Ah! —Alexandra gritó cuando la primera daga chocó contra la madera de la gran rueda.
Gabriel bajó el brazo de inmediato.
—Esto no va a funcionar —bufó, girándose hacia Helena—. Ella no va a salir en el acto. Se cancela.
—No —respondió Helena con frialdad—. El acto debe seguir. Esto atraerá público.
Gabriel apretó los dientes y volvió junto a Alexandra. Le habló bajo, firme, marcándole el ritmo de la respiración. Lanzó de nuevo. Esta vez la daga cayó mejor, pero el temblor de Alexandra no desa