Capítulo 47
Noche de confesiones
Me incorporé sin pensarlo. Avancé un paso hacia él, luego otro, hasta quedar apenas a un par de metros. Dudé. Mis dedos temblaban levemente y sentí que el aire entre nosotros pesaba demasiado. Lo observé en silencio: su pecho subía y bajaba de forma irregular, como si el autocontrol se le estuviera escapando entre los dedos.
—¿Erick? —mi voz fue apenas un susurro.
Él no respondió.
—¿Qué ocurrió? —insistí con más suavidad.
Fue entonces cuando bajó las manos lenta