Capitulo 67
No estás sola
El crujido de pasos interrumpió el silencio de la cocina. Maya alzó la mirada y vio entrar a uno de los guardias del castillo, vestido con su uniforme impecable y la espalda tan recta como una lanza.
—Mi señora —saludó con respeto, inclinando la cabeza—. El Rey ha dejado instrucciones para que la escoltemos de regreso a sus habitaciones.
Maya apretó los labios, sin moverse de la silla. Esa formalidad le resultaba cada vez más asfixiante. Se levantó lentamente y asintió.