Mundo ficciónIniciar sesiónLola Bárcenas se entera por casualidad que su matrimonio es falso, nunca ha sido la esposa legal de Darius Loredo. Pero, lo peor ocurre cuando descubre que la verdadera esposa de Darius es su propia hermana Chantal. Destrozada, Lola quiere enfrentarlos, pero descubre que desenmascararlo en una venganza con paciencia es más satisfactorio. Mientras tanto, Lola recibe otra propuesta de matrimonio de un hombre rico y poderoso, quien le ofrece la oportunidad de llegar a la cima empresarial junto a él. Lola no está dispuesta a llorar toda su vida por un patán infiel, y decide dejar de la otra mujer para convertirse en la esposa de un poderoso CEO, ¿Qué pasará cuando Darius Loredo descubra que perdió a Lola para siempre y que ella se ha convertido en una poderosa mujer inalcanzable?
Leer más—Lo siento, señora. En el sistema oficial no existe ningún registro de matrimonio a su nombre. Legalmente... usted es una mujer soltera.
Las palabras de la funcionaria cayeron sobre Lola como una balde de agua helada, petrificándole la sangre en las venas.
El Registro Civil estaba sofocante. El zumbido monótono de los ventiladores viejos y el golpeteo rítmico de los teclados creaban una atmósfera pesada, casi asfixiante.
Lola había llegado a toda prisa solo para tramitar la renovación de su acta de matrimonio perdida.
—Eso... eso es imposible —dijo Lola, forzando una sonrisa temblorosa mientras se apoyaba contra el mostrador de cristal—. Debe haber un error en su base de datos. Por favor, busque bien. Mi nombre es Dolores Bárcenas Villejo. Estoy casada. En solo tres días cumpliré mi primer aniversario de bodas.
La empleada ni siquiera se molestó en mostrar empatía. Con dedos perezosos, volvió a teclear sobre el gastado teclado.
—Dígame el nombre completo de su cónyuge.
—Darius Loredo Rivas.
Al escuchar el nombre, la funcionaria hizo una pausa imperceptible.
Revisó en su computadora. Un destello de extrañeza cruzó por sus ojos apagados.
—Efectivamente, el señor Darius Loredo Rivas aparece en el sistema como un hombre casado —declaró la mujer con voz neutra—. El acta fue registrada hace exactamente un año.
Lola soltó un suspiro ahogado, sintiendo que el corazón le volvía al pecho. Una oleada de alivio artificial la recorrió.
—¿Lo ve? Se lo dije, fue solo un fallo del sistema...
—El problema, señora, es que no está casado con usted —la interrumpió la funcionaria sin un solo tono de piedad.
Giró la pantalla de la computadora hacia Lola.
El mundo no se detuvo de golpe; en lugar de eso, la realidad de Lola se fragmentó en mil pedazos invisibles.
Lola se inclinó hacia adelante, con las pupilas dilatadas por el horror.
Sus ojos recorrieron la pantalla iluminada, devorando cada letra negra.
CÓNYUGE MASCULINO: Darius Loredo Rivas
CÓNYUGE FEMENINO: Chantal Bárcenas Villejo
ESTADO CIVIL: Casado.
Chantal Bárcenas Villejo. Su hermana. Su propia hermana.
La mujer que compartía su misma sangre.
—No... no, esto es una locura —musitó Lola, dando un paso hacia atrás como si la pantalla la hubiera golpeado físicamente. Las manos le empezaron a temblar de forma incontrolable—. ¡Es un error de digitación! ¡Esa es mi hermana! ¡Yo soy la esposa de Darius!
—El sello digital y las firmas del acta oficial coinciden con los registros del Estado —respondió la mujer, entregándole un papel recién impreso con una indiferencia cruel—. Es el documento legal. Ante la ley, la esposa legal es Chantal Bárcenas.
Lola sostuvo la hoja impreso. El papel crujió bajo la fuerza de sus dedos temblorosos.
Ahí estaba. Los sellos de agua, la tinta fresca, la firma elegante de Darius... colocada justo al lado del nombre de su hermana.
Un año.
Había vivido 365 días en una mentira perfecta. Había entregado su cuerpo, su corazón, y su devoción a un hombre que cada noche la llamaba "esposa", mientras en el papel, la dueña de su posición era otra.
Lola retrocedió un paso, rozando la pared con la espalda para no colapsar en el suelo.
Si ella no era la esposa legal... ¿qué habían sido estos 365 días de matrimonio?
¿Qué eran los besos apasionados de Darius cada noche? ¿Qué eran las promesas de amor eterno que él le susurraba al oído mientras la poseía en la oscuridad?
¿Una farsa? ¿Un juego perverso orquestado por el hombre que juró protegerla y la hermana de sangre?
Lola apretó el papel contra su pecho hasta arrugarlo, sintiendo cómo el dolor desgarrador en su corazón comenzaba a transformarse lentamente en algo oscuro, frío y venenoso.
«Darius Loredo... Chantal Bárcenas...», pensó, mientras una sonrisa amarga y helada se dibuja muy despacio en sus labios marchitos.
«Me convirtieron en una traición silenciosa durante un año entero. Pero les juro... que esta traición regresará para cobrar su humillación sobre sus cabezas».
Lola sostuvo la tarjeta entre sus dedos mientras miraba el número de la suite del hijo de María Garza Sada.Durante varios minutos permaneció frente a la puerta sin atreverse a tocar.No sabía qué esperaba encontrar.Quizá, en el fondo, una parte de ella había construido una fantasía.Después de descubrir la traición de Darius, después de sentirse humillada y reemplazada, había imaginado que la vida le daría una especie de compensación.Un hombre diferente.Un hombre poderoso, atractivo, imposible de ignorar.Alguien que demostrara que había perdido a alguien que no valía nada, y que ahora conseguía un tesoro.Era una idea absurda, lo sabía.Pero después de aquel día, necesitaba aferrarse a algo.Respiró profundamente.—No vine hasta aquí para huir —murmuró.Levantó la mano y estuvo a punto de tocar la puerta cuando escuchó voces al otro lado.Se detuvo.La puerta no estaba completamente cerrada.Solo había quedado entreabierta.Lola dudó unos segundos.Luego empujó suavemente.La pue
Lola se quedó completamente inmóvil.Durante unos segundos, su mente se negó a comprender lo que estaba escuchando.A través de la pequeña rendija de la puerta, pudo ver el interior de la sala privada del restaurante.Ahí estaban.Darius. Chantal. Y Antonella, su suegra.La mujer que siempre la hizo sentir no suficiente para su hijo.Pero ahora su rostro era diferente. Sonreía.Una sonrisa llena de satisfacción mientras abrazaba a Chantal.—¡Chantal, al fin! —exclamó Amaranta con emoción—. Después de tanto esperar, la verdadera esposa de Darius le dará a nuestra familia un heredero.Lola sintió que algo dentro de ella se congelaba.¿La verdadera esposa?Sus dedos se cerraron lentamente alrededor del teléfono que tenía en la mano.No podía apartar la mirada.No podía irse.Necesitaba saber hasta dónde llegaba aquella mentira.Darius estaba frente a Chantal.La observaba con una expresión orgullosa, como si todo lo que estaba ocurriendo fuera perfectamente normal.Tomó su mano y besó su
—Yo… debo pensarlo.María Garza Sada no mostró decepción. Tampoco insistió.Solo observó a Lola durante unos segundos, como si entendiera perfectamente que aquella decisión no podía tomarse a la ligera.—Está bien —respondió con tranquilidad—. Piénselo.Tomó su bolso y se levantó lentamente de la mesa.Antes de irse, se detuvo y añadió:—Mi hijo se encuentra en la playa Mar Verde.Lola levantó la mirada.El nombre del lugar no significaba nada para ella hasta ese instante.—¿Mar Verde?María asintió.—Sí. Y, por lo que sé, también están ahí Chantal y Darius Loredo.El corazón de Lola dio un vuelco.Aquellos nombres juntos todavía le provocaban una herida profunda.María continuó hablando con una calma casi cruel por la precisión de sus palabras.—Están celebrando su primer aniversario de bodas.El mundo pareció detenerse unos segundos.Su primer aniversario.La misma fecha que ella había creído que celebraría como esposa.Casi la misma fecha en la que había pensado recordar la promesa
Lola permaneció inmóvil varios segundos.Luego tomó la taza y bebió un largo sorbo de café, más por necesidad que por gusto.Necesitaba convencerse de que seguía despierta.Cuando dejó la taza sobre el plato, soltó una risa incrédula.—¿Es una broma?María Garza Sada sostuvo su mirada sin alterarse.—Jamás bromeo cuando hablo de mi familia. Tampoco cuando hablo de negocios.Su voz era tranquila. Segura.Como si acabara de ofrecerle el contrato más normal del mundo.Lola negó lentamente con la cabeza.—No entiendo nada... Hace menos de una hora descubrí que mi matrimonio era una mentira y ahora usted me está pidiendo que me case con un hombre al que ni siquiera conozco.María asintió.—Lo sé.—Entonces explíqueme por qué.La empresaria tomó un pequeño sorbo de café antes de responder.No parecía una mujer que improvisara.Cada palabra estaba cuidadosamente elegida.—Porque llevo meses observándote.Lola frunció el ceño.—¿Observándome?—Antes de confiar un proyecto millonario a alguien
Último capítulo