Lola sostuvo la tarjeta entre sus dedos mientras miraba el número de la suite del hijo de María Garza Sada.Durante varios minutos permaneció frente a la puerta sin atreverse a tocar.No sabía qué esperaba encontrar.Quizá, en el fondo, una parte de ella había construido una fantasía.Después de descubrir la traición de Darius, después de sentirse humillada y reemplazada, había imaginado que la vida le daría una especie de compensación.Un hombre diferente.Un hombre poderoso, atractivo, imposible de ignorar.Alguien que demostrara que había perdido a alguien que no valía nada, y que ahora conseguía un tesoro.Era una idea absurda, lo sabía.Pero después de aquel día, necesitaba aferrarse a algo.Respiró profundamente.—No vine hasta aquí para huir —murmuró.Levantó la mano y estuvo a punto de tocar la puerta cuando escuchó voces al otro lado.Se detuvo.La puerta no estaba completamente cerrada.Solo había quedado entreabierta.Lola dudó unos segundos.Luego empujó suavemente.La pue
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