Lola se quedó completamente inmóvil.
Durante unos segundos, su mente se negó a comprender lo que estaba escuchando.
A través de la pequeña rendija de la puerta, pudo ver el interior de la sala privada del restaurante.
Ahí estaban.
Darius. Chantal. Y Antonella, su suegra.
La mujer que siempre la hizo sentir no suficiente para su hijo.
Pero ahora su rostro era diferente. Sonreía.
Una sonrisa llena de satisfacción mientras abrazaba a Chantal.
—¡Chantal, al fin! —exclamó Amaranta con emoción—. Desp