Todavía podía sentir el eco de mi propio rugido vibrando en mis huesos.
No había sido un rugido cualquiera, sino que había declarado al reino que había encontrado a mi compañera de vida.
Y ahora todo había cambiado, por honor tendría que vencer frente a Lila al lobo que la había marcado para después casarnos bajo las leyes draconicas.
Pero, por ahora frente a mí, sobre la cama, Lila permanecía inconsciente, respirando con suavidad después de logre arrancarla de aquella neblina maldita que inten