Mundo ficciónIniciar sesiónTodavía podía sentir el eco de mi propio rugido vibrando en mis huesos.
No había sido un rugido cualquiera, sino que había declarado al reino que había encontrado a mi compañera de vida.
Y ahora todo había cambiado, por honor tendría que vencer frente a Lila al lobo que la había marcado para después casarnos bajo las leyes draconicas.
Pero, por ahora frente a mí, sobre la cama, Lila permanecía inconsciente, respirando con suavidad después de logre arrancarla de aquella neblina maldita que intentaba arrastrarla hacia otro mundo.
Hacia él.
Mis manos se cerraron hasta que mis nudillos crujieron.
—No logro entenderlo… —gruñí sin apartar los ojos de ella—. Sabía que los lobos eran salvajes, territoriales y estúpidamente posesivos, pero esto…
A mi lado, Razar soltó una carcajada mientras daba vueltas alrededor de Lila.
—Eso no fue instinto de un lobo cualquiera, Kaeldris, eso fue magia.
Giré el rostro hacia él.
—Lo sé.
Razar entrecerró los ojos.
—Y no magia cualquiera.
Aquellas palabras hicieron que el aire pareciera volverse más pesado.
—Aquella niebla estaba enlazada a ella como una cadena espiritual —continuó—. Para arrastrarla a través del velo… a semejante distancia… ese híbrido no pudo hacerlo solo.
Mis escamas interiores reaccionaron.
—Brujas…
—Brujas muy poderosas —corrigió él—. Lo bastante poderosas como para manipular vínculos entre mundos sin que la familia real vampírica se enterara.
Mi mandíbula se tensó.
—Entonces ese maldito alfa tiene recursos.
Razar sonrió con frialdad.
—Más que recursos. Si está pagando algo así, entonces debe controlar buena parte de Etheria… tal vez toda ella. No se sostiene una red de brujas así con buena voluntad.
Volví a mirar a Lila.
Su cabello caía sobre la almohada como seda y por un momento todo lo demás dejó de importar.
Mi dragon dentro de mí rugió con violencia antes de deicr.
—Nuestra
No la contradije, Lila era nuestra, aunque ella aun no lo supiera.
—Cuando la saqué de aquella niebla… —murmuré.
Razar sonrió.
—Rugiste como si estuvieras luchando por conquistar un continente. Todo el reino lo escuchó.
—Exacto.
Su sonrisa desapareció.
—Y ahora tienes un problema.
Sabía exactamente a qué se refería.
Entre dragones, proclamar a una compañera y luego perderla especialmente ante un lobo, no solo sería humillante para mí. Sería una arma que no dudarían en usar los rebeldes.
—Oleg ya debe estar celebrándolo —gruñí.
Razar soltó una carcajada seca.
—Mi querido primo celebra hasta cuando llueve porque cree que eso le dará ventaja en su cruzada.
Después su mirada se clavó en Lila.
Y entonces su expresión cambió.
Se volvió peligrosa.
—Pero ahora…
Guardó silencio unos segundos.
—Ahora tenemos algo que Oleg jamás vio venir.
Seguí su mirada ycomprendí.
Lila.
Se había estado haciendo propaganda que una tercera dragona de color negro ahora vivía bajo la protección de Razar y que además era fértil. Su embarazo era la prueba.
Sentí cómo mi corazón golpeaba con más fuerza.
—La esposa de Oleg no a podido concebir y su majestad la reina después del nacimiento del príncipe Aren está claro no podrá concebir de nuevo—dije.
Razar asintió y se acercó a Lila.
—Pero ella…
Su mano se detuvo sobre el vientre de Lila sin tocarlo.
—Ella está embarazada.
Mi pecho ardió.
—De dos.
—Exacto.
Razar me miró.
—Si una sola de esas crías nace hembra mi reinado y el de uno de mis hijos estará asegurado. Solo un dragón de color negro puede gobernar.
No respondí.
Porque ambos sabíamos que tenía razón.
Razar caminó hacia la ventana.
—Encontramos la forma de cruzar el velo.
Mis ojos se estrecharon.
—¿Qué?
—Sin esperar al regreso del Príncipe Oscuro.
Eso sí me hizo girarme por completo.
—El rey de los vampiros lo puede ver como una provocación.
Razar me miró con diversión.
—Es solo estrategia, él es experto en eso, se las ingenio para convertir a la mayor parte de los lobos en híbridos para tenerlos de su lado.
Mi respiración se volvió pesada.
Cruzar el velo sin autorización era impensable.
Los vampiros habían creado aquellos mundos simulados para expandir la vida más allá del mundo original, y solo el príncipe oscuro autorizaba quién entraba y quién salía.
Vi el rostro de Razar y supe que ya había tomado la decisión.
—¿Cuál es el plan?
—Simple.
Levantó un dedo.
—Lila despertará. La escoltarás de regreso a Etheria y para hacerle creer que solo nos queremos asegurar de que estará bien dos dragones más irán contigo.
Entrecerré los ojos.
—Le haremos creer eso, aun no deja de ser en parte humana, es ingenua y lo creerá.
Mi mandíbula se tensó.
—¿Y después?
—Desafiarás a Cassiel Raventhorn y lo vencerás frente a ella. Después de eso estoy seguro que la caprichosa y engreída de su dragona interior te aceptara como compañero.
Mi dragón estaba feliz con la idea.
—Sí, así la conquistaremos.
Razar me vio entonces.
—Tendrás únicamente un mes, no quiero arriesgarme a que el príncipe oscuro se de cuenta que dragones bajo mis ordenes cruzaron a Etheria sin autorización.
Razar asintió.
—Más que suficiente.
Miré a Lila, era tan hermosa.
—No merece estar con alguien que practica magia negra —murmuré.
Razar me observó con una sonrisa divertida.
—Ya empiezas a hablar como un esposo.
Ignoré el comentario.
Entonces su voz cambió.
—Pero no debes olvidar una cría que sea un macho no será tolerado. Solo las hembras serán aceptadas.
Mi mirada se endureció.
—Razar…
—Si nace un macho…
—No.
Él sonrió.
—¿No?
Respiré hondo.
—Podríamos hacer otra cosa.
Sus cejas se elevaron.
—¿Cómo qué?
—Volverlo estéril.
El silencio llenó la habitación.
Y entonces Razar comenzó a reír.
No con crueldad.
Con genuina diversión.
—Por los ancestros realmente la amas.
Lo fulminé con la mirada.
—No quiero verla sufrir.
Razar suspiró.
—Entiendo.
Se acercó.
—Hablaré con los sabios. Pediré un brebaje.
Sentí alivio.
Hasta que sonrió.
—Pero escucha bien, Kaeldris. Eres como un hermano para mi pero si te entrego el brebaje para que la cria quede estéril y no se la aplicas. No solo te mataré, sino que mataré a Lila frente a ti.
Di un paso al frente.
—Atrévete.
Razar me sostuvo la mirada unos segundos y luego sonrió.
—Ahí está mi amigo depende de ti.
Exhalé mientras Razar caminó hacia la puerta.
Yo pensé que había terminado hasta que habló una vez más.
—Ah…
Se giró con una sonrisa.
—Y sobre Maerys, no tienes de qué preocuparte por ella.
Mi espalda se tensó.
—¿Qué hiciste?
Razar sonrió.
—La asigné como dama de compañía de Lila porque sabía que tarde o temprano cometería un error.
Sentí un mal presentimiento.
—Razar…
—Diremos que intentó envenenar a Lila por celos, es obvio que su dragona te eligió como su compañero, no sabe disimular su deseo.
Apreté la mandíbula.
—Y como castigo, la enviare a servir a las tropas.
Mi sangre hirvió.
—La escasez de hembras empeora cada año…
Lo miré con rabia.
—Estoy seguro de que servirá para calentar a los dragones de las barracas.
Claro que quise matar a Maerys cuando pensé que había hecho algo para lastimar a Lila, pero, aquello que Razar iba hacer era peor que la muerte.
Quise romperle la cara, pero recordé que no solo le juré lealtad para toda la vida, sino que ya había logrado que aceptara no matar a las crías de Lila sin nacían varones, pedir que no enviara a Maerys a servir como mujer de consuelo a las tropas era algo que Razar no iba a aceptar.
El salió después de aquello, mientras yo me quede junto a Lila mi amada compañera.







