—Lila… escúchame… —dije con la voz rota, cargada de una desesperación que apenas podía contener, como si cada palabra me desgarrara un poco más que la anterior—, no puedes hacer esto… no ahora que finalmente te he encontrado…No sabía si en ese estado era siquiera capaz de oírme, de responder, de sostenerse a algo. Y aun así, había en ella una lucha silenciosa, casi imperceptible, como si intentara aferrarse a ese hilo invisible que todavía nos unía, aunque la sensación de vacío comenzaba a envolverla, más pesada, más profunda, devorándolo todo, como si aquello que alguna vez fue estuviera desvaneciéndose en un silencio que, poco a poco, la arrancaba de mí.—Parece como si la estuviéramos perdiendo —gruñó Fenrik dentro de mí, su voz tensa, afilada—. No puedes permitirlo.No lo haría.Antes de que ese vacío terminara de consumirla, me incliné sobre ella, quitándome el abrigo y cubriéndola con él, envolviéndola con una urgencia que no me permití cuestionar, como si ese simple acto pudie
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