Durante los primeros años después de que Cassiel me convirtió en inmortal todavía intenté conservar algo de cordura, todavía creí que si lograba recordar el rostro de mis súbditos, las guerras que pele por ellos o la forma en que el sol golpeaba los acantilados de Boca del Río antes de que nuestras vidas se consumieran en sangre, quizá una parte de mí conseguiría seguir siendo humana, pero Cassiel fue destruyendo uno a uno todos aquellos recuerdos, no con palabras ni con amenazas, sino con una