Mundo de ficçãoIniciar sessãoCuando mi pareja destinada eligió casarse con mi hermana y mandarme al demonio, hice lo único que tenía sentido en ese momento: huir. Desaparecer. Sin despedidas y sin mirar atrás. Me fui con la cabeza en alto y la dignidad más o menos intacta, jurando que ese hombre no iba a ocupar ni un centímetro más de mi cabeza. Lo que no tenía planeado era darme cuenta, tres semanas después, de que me había llevado más de él de lo que pensaba. Ahora, cuatro años después, tengo un hijo adorable que heredó los ojos de su padre, una vida construida desde cero en una ciudad donde nadie sabe quién soy, y una regla de oro muy simple: Daniel Griffin no existe. Funciona de maravilla. Hasta que no me queda otra opción que volver a casa. De regreso en Fallonmore, Daniel quiere hablar. Quiere que entienda que las cosas no fueron exactamente como parecieron. Y lo peor de todo es que el universo nos hizo compatibles de una manera que no puedo ignorar ni fingir que no siento cada vez que está cerca. Él tiene sus razones. Puede que hasta sean buenas. Pero hay cosas que una explicación no borra, y casarse con mi hermana es una de ellas. Si quiere mi perdón, que lo gane.
Ler maisOlivia
Pensé que mi vida mágicamente mejoraría tan pronto como huyera de casa… pero no fue así. No hubo nada mágico en el proceso de dejar a mi familia y mi pareja destinada atrás para empezar una nueva vida como madre soltera.
Aun así, puedo decir que desde que salí de mi clan de hombres lobo y me mudé al mundo humano, mi vida ha encontrado sentido.
Poco a poco. Sin prisa, sin drama.
Al menos aquí nadie me conoce como la hermana pequeña de nadie. O la hija de nadie. Aquí simplemente soy Olivia.
—Holaaa —me saluda alguien de repente, sacándome de mis pensamientos y recordándome que estoy trabajando. Me giro hacia la voz y me limpio las manos en el delantal cuando veo que es Félix, mi novio. Me estiro sobre la barra para darle un abrazo— ¿Cómo va tu día?
—Mejor ahora —respondo con una sonrisa, moviéndome hacia atrás cuando me deja ir— ¿Y el tuyo?
Félix es guapo, alto y trabajador. Un buen humano, según mis estándares. Y lo más importante es que, desde que me conoció, toda su atención ha estado puesta únicamente en mí.
Eso es todo lo que le pido a un hombre, desde que sucedió la Gran Tragedia. Amo a Felix, pero definitivamente no lo amo tanto como él me ama a mí.
Y si tengo que darle un consejo a cualquier mujer, le diría eso: nunca estés con alguien que te ama menos de lo que tú lo amas.
—Mi día era gris hasta que te vi —Felix contesta, terminando con una sonrisa y un guiño coqueto que me hace reír— ¿Tienes planes para esta noche?
—Mmm... nop —contesto, esperando que nadie entre a la cafetería justo ahora— ¿Por qué?
—Quería invitarte a cenar esta noche. En Puerto Domingo.
—Oh, elegante —suelto, levantando mis cejas con sorpresa— suena genial.
—De acuerdo —Felix deja salir el aliento de una manera aliviada— ¿Crees que Diana pueda quedarse con Laurie? Porque si no, puedo buscar una niñera.
—Diana se puede quedar con Laurie, no te preocupes. Todos los viernes tiene una cita virtual con su novio, así que no sale a ningún lado —le recuerdo. Félix vuelve a sonreír. Sus pequeños ojos marrones brillan de felicidad— Entonces te veo esta noche.
—Paso por ti a las ocho.
Después de decir eso, sale de la cafetería sin pedir nada y regresa a su oficina, en el edificio de enfrente.
Puerto domingo no es un restaurante cualquiera, es el mejor restaurante de toda la ciudad. Si me invitó ahí en un día que no es nuestro aniversario o una fecha importante en lo absoluto, solo puede significar algo más.
Va a pedirme matrimonio.
Paso el resto del día envuelta en una nube de emoción, atendiendo a todos con tanto entusiasmo que mis propinas se duplican y todo el mundo parece querer conversar conmigo. Por primera vez, no me molesta.
Cuando llego a casa, mi hijo salta del sofá y corre hacia mí.
—¡Hola, mami!
Levanta los brazos para que lo cargue y lo hago de inmediato.
Joder. Cada día pesa más. Un poco más de lo normal para un niño de su edad, pero todavía no me permito preocuparme por eso.
—Hola, bebé —Aparto su largo cabello negro de la cara. Apenas tiene tres años y medio y ya se parece muchísimo a su padre. Afortunadamente, la fealdad de dicho individuo solo es interna, así que al menos estoy segura de que mi hijo será guapo cuando crezca— ¿Te portaste bien hoy?
—¡Sí!
—Como siempre —añade Diana desde el sofá sin apartar la vista del televisor— Laurie es el mejor roommate que tengo.
—Claro que lo es —sonrío y lo jalo a mí para besarle la cabeza. Respiro su dulce aroma familiar antes de dejarlo de nuevo en el suelo— y ya que es un angelito… ¿Podrías cuidarlo esta noche? ¿Por favor, por favor?
—Por supuesto. No voy a ninguna parte —Diana contesta. Laurie vuelve a dejarse caer en el sofá junto a ella para seguir viendo la película— ¿Y adónde vas tú?
—Félix me invitó a salir. A Puerto Domingo.
Añadir el nombre del restaurante consigue exactamente el efecto que esperaba. Mi amiga abre la boca y hace lo impensable. Pausa su serie.
—Creo que hoy será el día —anuncio.
—¿En serio? —pregunta, con sus ojos abiertos como platos. Yo asiento y dejo salir un chillido de emoción— creo que sí. Hace casi dos años que son pareja, ¿no? Es tiempo.
—Sí. Es tiempo —repito— y estoy lista.
Félix es perfecto para mí. Es un hombre increíble que me adora y adora a mi hijo. No podría pedir más.
O... quizá sí.
Quizá podría pedir una conexión especial. Compatibilidad natural. Un hombre creado solo para mí por la propia Madre Naturaleza.
Pero ya tuve eso una vez. Y lo único que me dejó fue un hijo y el corazón roto.
Así que creo que ya es hora de dejar de pensar en él y pasar página. Es hora de empezar una nueva familia.
Con otro hombre.
➿➿➿➿
Puerto Domingo es el restaurante más elegante de la ciudad y, cuando llegamos a nuestra mesa, me doy cuenta de que tenía razón.
Hoy es el día.
La mesa que nos dieron está en una sección completamente alejada de todos los demás, en un balcón con vistas a la ciudad. Y está decorada con pétalos de rosa y una botella de champán.
Cuando me giro para agradecerle, Félix toma una de mis manos y un gran respiro antes de hacer justo lo que me imaginaba.
Se pone en una rodilla frente a mí.
—Desde la primera vez que te vi, no he podido dejar de pensar en ti.
Mi corazón late tan fuerte que me cuesta respirar. Esto es lo que necesito, algo real y sólido que me haga olvidar mi pasado por completo.
—Eres la mujer más dulce, amable y hermosa que he conocido en toda mi vida. Sé que eres aún muy jóven, pero también eres una de las personas más maduras que conozco —sigue, su voz temblando un poco. Aprieto su mano en la mía para darle ánimos— estos doce meses contigo han sido maravillosos… pero quiero dar un paso más. Estoy seguro de lo que quiero contigo y lo que siento por ti. Quiero que seas mi esposa.
—Oh, Félix… —mi voz se quiebra también. Es un momento hermoso. Y aún así, hay una voz lejana y olvidada dentro de mí, recordándome que él no es el hombre con el que se supone que haga esto.
Él no es Daniel.
—Entonces... ¿Quieres ser mi esposa? —presiona, ojos suaves, humanos e inofensivos mirándome con vulnerabilidad.
—Por supuesto que sí —respondo al fín. Félix suelta un suspiro de alivio y se levanta inmediatamente, rodeando mi cintura con los brazos.
Esto es absolutamente perfecto… excepto que no lo es.
Y soy increíblemente feliz. Excepto que en realidad no.
Estoy a punto de cumplir veintitrés años, pero mi corazón le pertenece a Daniel desde que tenía dieciséis.
Incluso cuando estaba más enfadada con él. Incluso cuando sentía más odio por lo que me hizo. Incluso ahora...
Lo sigo amando.
Afortunadamente, mi odio es igual de grande que mi amor. Y eso es lo único que me ha permitido avanzar.
Todo sigue igual en la casa.Algunas paredes fueron pintadas recientemente del mismo azul cerúleo que tanto le gusta a mi madre. Hay un par de marcos nuevos en la pared de fotografías, pero no me detengo a mirarlos. Los sofás color crema también son nuevos.Lucinda nos acompaña hasta mi antigua habitación, donde todo sigue exactamente igual. Tanto, que jadeo cuando entro y mi cerebro me juega una horrible mala pasada, porque me hace percibir el aroma de Daniel.Han pasado años. Su olor no debería seguir aquí.Pero todo lo demás sí.Su balón de fútbol en una esquina, las zapatillas deportivas que dejó aquí la última vez que se quedó a dormir... y todas las fotografías nuestras con las que decoré patéticamente mi habitación porque estaba enamorada.Oh, Dios. No puedo creer que nadie se haya dado cuenta de todo lo que estaba pasando entre nosotros. No sé si lo que siento ahora mismo es dolor, vergüenza o simplemente odio hacia Daniel por haber hecho que toda mi vida girara alrededor de
Después de pedir una licencia temporal en el trabajo y prometerle a Diana que seguiré ayudándola con el alquiler, me dirijo a Fallonmore con mi hijo... y mi prometido. Félix todavía no conoce la verdad sobre quién soy. Sobre la verdadera yo. Y no tiene idea de que lo estoy llevando a territorio privado. A un clan de hombres lobo.Sé que tendré que decírselo en algún momento, pero todavía no. No puedo arriesgarme a que se asuste y decida dejarme sola para enfrentar a mi familia y a mis malas decisiones.No podría soportarlo.Además, una vez que vea que los hombres lobo son más civilizados que la mayoría de los humanos, quizá decida que no somos tan aterradores como Hollywood nos pinta.—Tengo otra pregunta —dice Félix, apretando la mano que tiene sobre mi pierna mientras conduzco— ¿El padre de Laurie estará allí?Uf.Sí, estará.—Mmm, no lo sé —murmuro, rascándome la cabeza— Dios, tengo muchísima hambre... ¿Tú tienes hambre, cariño?—Un poco —responde, sin notar mi patético intento de
Paso toda la noche con mi futuro esposo, intentando contener lo contenta que me siento. No exactamente por el casamiento, sino porque tener un anillo en mi dedo me hace sentir como una mujer adulta. Una mujer adulta que quizá tiene su vida resuelta? Bueno, no sé si llegaría tan lejos, pero al menos así me siento en este momento.Cuando la cita termina, Félix me lleva de vuelta a casa y trata de regresar a su coche, pero le tomo la mano antes de que lo haga.—Quédate.—¿De verdad? ¿Estás segura? —pregunta con los ojos muy abiertos. Asiento. El tema de sexo con nosotros es un poco complicado. Tengo mucha suerte de haberme encontrado a un hombre tan bueno y tibio como Felix, porque nadie más que él aceptaría pasar semanas y semanas sin sexo, solo porque no me siento con ganas.Cualquier otro hombre me hubiera terminado ya. Pero Felix me pidió matrimonio, incluso con nuestra escasa vida sexual. Creo que eso lo hace merecedor de mi esfuerzo. —Laurie estará en su propia habitación —le i
Olivia Pensé que mi vida mágicamente mejoraría tan pronto como huyera de casa… pero no fue así. No hubo nada mágico en el proceso de dejar a mi familia y mi pareja destinada atrás para empezar una nueva vida como madre soltera. Aun así, puedo decir que desde que salí de mi clan de hombres lobo y me mudé al mundo humano, mi vida ha encontrado sentido. Poco a poco. Sin prisa, sin drama. Al menos aquí nadie me conoce como la hermana pequeña de nadie. O la hija de nadie. Aquí simplemente soy Olivia. —Holaaa —me saluda alguien de repente, sacándome de mis pensamientos y recordándome que estoy trabajando. Me giro hacia la voz y me limpio las manos en el delantal cuando veo que es Félix, mi novio. Me estiro sobre la barra para darle un abrazo— ¿Cómo va tu día?—Mejor ahora —respondo con una sonrisa, moviéndome hacia atrás cuando me deja ir— ¿Y el tuyo?Félix es guapo, alto y trabajador. Un buen humano, según mis estándares. Y lo más importante es que, desde que me conoció, toda su atenc
Último capítulo